viernes, 10 de octubre de 2014

Dementores

Quería escribir una entrada en el blog antes de que el ébola acabe con todo organismo vivo. Todo el mundo anda súper agitado con esto, ¿cuánto queda para la Eurocopa y que todo vuelva a la normalidad?

El título es bastante fiel al tema del que voy a hablar hoy. Quizás no hable de los monstruos de manto negro de Harry Potter, pero para el caso casi sería mejor.
Hace mucho tiempo soñé que había gente que se alimentaba de las almas de otras personas. Eran totalmente normales y estaban entre nosotros. Trabajaban, iban al cine, se descargaban series por Torrent y luchaban por pagar la hipoteca; vamos, cualquier español medio. El problema venía cuando les entraba hambre y cogían al primer humano que vieran, inmovilizándolo rápidamente para darle algo más que un morreo. De la boca y de los ojos de la presa salía un líquido espeso, plateado y brillante que terminaba en la tripa de nuestro hambriento villano. Y ya está. El atacante se iba y dejaba al otro vacío por dentro tan ricamente. 
"Uy, creo que hoy echaban capi nuevo de Juego de Tronos".

Bueno, señores. ¡Pues esas personas existen! Quizás no tan literalmente (joder, molaría bastante en verdad), pero también se comen tu alma a bocados. Son como tú y como yo, y muy posiblemente hoy has hablado con varios de ellos. Incluso puede -¡espero que no!- que tú en alguna ocasión te hayas zampado a un inocente.
Cuando somos pequeñines nuestro alma empieza a mostrar su cara. Algunas adoran la música, otras leer, o dibujar, o ir al teatro, quizás la química, o incluso sabe diferenciar la marca de coche por su motor. El alma representa la llama de nuestras pasiones, del potencial que tenemos y de los sueños que podemos alcanzar. 
Conforme vas creciendo empiezas a interesarte más por eso y sientes deseos de enseñar lo que sabes hacer a la gente más cercana.
Si se lo enseñas a cien personas, ese alguien que te critica es el que te choca. Te dice que sería mejor que te dedicaras a otras cosas y tú flipas. Muerde un cachito de tu alma, ¡ñam!. En esa pequeña historia de tres páginas habías puesto todas tus ganas, y ahí estás; con diez años planteándote tu vida.
Y esto sigue pasando una y otra vez con esa persona  (o personas) que tan bien conoces. Sigues intentando acercarle tu pasión pero te llevas un manotazo cada vez que lo haces. Pero no en la cara, sino ahí dentro donde de verdad duele.
Luchas, gritas, te planteas dejar lo que te gusta, te planteas matar a ese dementor o tirarte por la ventana del quinto piso, estás hasta los cojones.

Los años pasan. Tienes que elegir qué camino tomar. Quizás, influenciado por lo que ellos te decían, comienzas a estudiar medicina. ¡Así puedes acercarte de una vez por todas a su mundo!. Pero todo sigue igual. Tú dudas de si ese camino es el adecuado pero cada vez que expones tus dudas te dicen que podías haber elegido lo que querías, y cuidado con tus palabras o terminarás siendo el malo de esta nueva discusión. 

Cada vez que los ves decepcionados se te encoge un poquito más el alma. Tus dibujos ya no te llenan tanto, las letras de tus canciones te parecen mierda. Cada vez lo dejas más y más.

Y un día creces y te das cuenta de que todo eso que hacías de niño era un simple hobby al que no le debiste dedicar tanto tiempo. Llegas tarde al trabajo.

Estás vacio.

En mi caso tengo el dementor en casa y no me tengo que ir muy lejos para encontrar uno. Tantos años de lucha contra él ya han hecho que tanto sus ataques como los míos se neutralicen. Cada paso que doy para intentar llegar a la paz me resulta inútil y eso sigue jodiendo. Si dejo de intentarlo soy la mala, si lo intento también.

Hartita estoy, me voy a matar titanes para quitar el mal sabor de boca.